Ser un Joven Líder: Una obra de arte en proceso
Por: María del Pilar Durán Betancur
Como sociedad, los retos y desafíos no paran de surgir y de anteponerse a nuestro día a día; por esa razón nos resulta imperativo plantearnos metas conjuntas, esperando lograr un horizonte más claro. Pero nos hemos preguntado ¿qué pasa si no nos fijamos esa meta?, ¿qué pasa si no tenemos claro ese horizonte? Precisamente esta puede ser la situación de miles de jóvenes en el territorio nacional.
Para el año 2020, en Colombia había aproximadamente once millones de jóvenes entre los 14 y 26 años de edad, es decir, el 21% del total de la población (DANE. 2020). De este total, 8 millones están en edad de votar y solo 3 millones de ellos realmente lo hicieron en el periodo electoral del 2018 (NIMD Colombia. 2020). Esto nos deja un panorama un poco sombrío y permite cuestionarse, ¿por qué los jóvenes en Colombia no están votando? O, más allá de votar, ¿por qué no están participando o cómo lo están haciendo?
La discusión ha estado sobre la mesa por varios años y no resulta una preocupación exclusivamente de Colombia: en el caso de Brasil también se considera una problemática álgida y de imperativa acción. Sin embargo, tal y como lo plantea Bruna Rossi (2016), puede que se le esté dando una reorientación al tema, donde los jóvenes empiezan a ser vistos como sujetos de derecho, contrario a la concepción que ha imperado en el planteamiento de políticas públicas, donde se les veía como parte del problema social. Esto permite plantear que los jóvenes no son el problema, ni tampoco son la respuesta a todas las dificultades a las que nos enfrentamos como sociedad, pero lo que definitivamente sí son, y deben ser, es parte de la solución.
Es por esto que, los jóvenes han encontrado formas de expresarse y dar a conocer sus demandas más allá del panorama electoral; un ejemplo de ello son las expresiones y movilizaciones públicas que han venido realizando a lo largo de los últimos años en torno a determinados temas, como educación, salud y muchos otros (Garzón, El. 2018). Pero como sociedad, tenemos la responsabilidad de seguir encontrando caminos y formas para mejorar nuestros mecanismos de acción, buscando la eficiencia y la efectividad. Las movilizaciones, manifestaciones y expresiones juveniles deben continuar cada vez más estructuradas y con mayor proyección, pero pongámonos un límite mucho más alto. Hay que permitirles a nuestros jóvenes tener acceso a herramientas que sirvan para su vida personal, pero también, para su vida social y ciudadana: esto resulta ser una tarea para cada uno de los colombianos.
Ahora pensemos en las cualidades de un líder: cada uno de nosotros probablemente tenga una perspectiva diferente, algunos dirán confianza, otros transparencia, integridad o perseverancia, y así podríamos estar un buen tiempo. El punto es que un líder o una lideresa pueden ser todo lo que nosotros les permitamos ser.
La expresión, la formación, la capacidad de comunicación, de planeación y de acción, son fundamentales para crear una nueva generación de jóvenes líderes que puedan incidir en las situaciones que enfrenta nuestro país. La pregunta consecuente es ¿Cómo lograr que un porcentaje considerable de esos once millones de jóvenes adquieran las habilidades necesarias para liderar en sus territorios, sintiéndose motivados a expresarse y actuar por su futuro? Las respuestas pueden ser muchas y de todas las categorías, pero quizás una de las más llamativas sea el arte.
Como lo expresa Adriana Garcés (2016), los espacios culturales y artísticos representan una ficha decisiva para potenciar a las personas e, incluso, a las naciones, dado que estos permiten la posibilidad de que se den momentos de reflexión, que se pueden materializar en procesos de transformación social. Además de esto, afirma la autora, la falta de este tipo de espacios ha afectado de manera considerable las posibilidades formativas y de inclusión y participación, que representan momentos claves para el desarrollo humanístico y de expresión de los jóvenes en la actualidad. Esto quiere decir que la generación de este tipo de espacios no solo permite la apropiación de procesos por parte de los jóvenes, sino también les dará algunas de las herramientas necesarias para convertirse en líderes y agentes culturales.
El arte cuenta con las facultades de facilitador para la transformación social, al estimular la comunicación y la creatividad. Crea la posibilidad de que cada persona se forme en carácter de líder propositivo y participativo, donde sus acciones puedan incidir de manera efectiva en los principales problemas a los que se ve expuesto (Garcés, A. 2016).
Los justificativos para decir que el arte es un mecanismo excepcional para la formación de líderes y de jóvenes con capacidades de expresión y acción son muchos más de los aquí esbozados. Sin embargo, es vital decir que son muchas las opciones que tenemos como sociedad para permitir a nuestros jóvenes formarse en habilidades, herramientas y conocimientos necesarios para el liderazgo del país que tendremos los próximos años. Si bien es responsabilidad de cada uno de nosotros permitirnos expresar, respetar y escuchar, ¿Qué mejor manera que el arte?
Finalmente, la Fundación Colombia 2050 se ha comprometido de manera certera con el fin de aportar a la formación de estos jóvenes, razón por la cual ha decidido iniciar la recaudación de fondos necesarios para llevar a cabo el proyecto "Cápsulas Artísticas: Expresión y Libertad", donde se espera que -en principio- niños, niñas y adolescentes del municipio de La Vega, Cundinamarca, tengan acceso a los elementos artísticos y audiovisuales necesarios para empezar la formación de sus proyectos de vida y de fortalecer su formación para el liderazgo.
¿Quieres ser parte de esta gran causa y contribuir a la construcción de una mejor sociedad para nuestros jóvenes?
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