La desinformación también es nuestra responsabilidad

Por Sofía Sepúlveda

Vivimos en la era digital, estamos en constante conexión con datos y personas a través de internet, somos parte de redes, redes sociales, donde creamos una vida en una plataforma e interactuamos con más personas sin una interacción física real. Pasamos de consumir contenido a crearlo y compartirlo. Nos sentimos parte de las vidas de los "influencers", personas que decidieron, de cierta forma, desdibujar esa línea entre lo público y privado. Somos prosumidores y somos responsables de parte de la desinformación.

Estar conectados 24/7 hace que siempre haya flujo constante de información, la tenemos en la palma de nuestra mano. Nos enteramos de sucesos que ocurren al otro lado del mundo en cuestión de segundos. Muchas veces no cuestionamos si esa información es o no real. Asimismo, somos capaces de crear contenidos, subirlo y compartirlo, somos parte activa de las redes. Somos prosumidores (creadores y consumidores de contenido).

Llegar hasta ese punto en el que podemos subir información a estas redes, creer ser parte de la vida de otras personas que se consideran figuras públicas o incluso hacer a nuestros seguidores parte de nuestra vida tomó mucho tiempo. Pasamos de tener internet donde simplemente podíamos ver cosas, no podíamos opinar ni subir nada a la red, luego a simplemente comentar y si acaso poner emojis, hasta llegar a este punto. Todas esas transformaciones en la red y en la interactividad han llevado a que también se transformen las dinámicas sociales y hagamos parte de una forma diferente de relacionarnos y ver el mundo.

Estar conectados a la red constantemente nos facilitó la vida en muchos aspectos, pero de cierta forma, también nos la complicó. Si bien tenemos muchísima más facilidad para acceder a la información, y a su vez tenemos más cantidad. No obstante, alguna vez nos hemos preguntado ¿cómo es la calidad de dicha información?, estamos inmersos en un mundo mediático, donde todo es documentado y registrado por nosotros mismos, pero ¿Qué tan confiable es? La desinformación es un fenómeno que se ha acrecentado con la digitalización y la transformación de las dinámicas sociales.

Tener la capacidad de crear y difundir información nos lleva a tener más responsabilidad frente al manejo de esta. Somos parte del problema cuando compartimos post o historias de eventos que no hemos verificado, somos parte del problema cuando sacamos fragmentos de un todo y los sacamos de contexto, somos parte del problema cuando tergiversamos la información para beneficio propio o dañar lo ajeno. La desinformación ya no es solo tema de medios tradicionales o de grandes figuras públicas, ahora es un tema de todos y es responsabilidad de todos combatirla y hacer conciencia sobre cómo nos afecta y cómo afectamos a otros cuando somos nosotros quienes difundimos falsos testimonios.

Estar en la era digital nos llevó a transformar la forma de comunicarnos, relacionarnos y manejar la información.