¿Cómo responde la democracia al aislamiento por Covid-19? El caso del Congreso "virtual" colombiano

Momentos de crisis como el actual requieren de respuestas a la altura, de políticas legítimas y de decisiones que cuenten con el apoyo de las mayorías. El Congreso es el escenario, que se nos ha enseñado como natural, para la deliberación y la toma de decisiones consensuadas. Sin entrar en la discusión sobre si el Congreso está cumpliendo o no con esta función, es importante reflexionar sobre cómo la pandemia ha planteado para la rama legislativa un dilema muy particular: tomar decisiones como cuerpo colegiado, así como negociar, debatir y deliberar, sin dejar de cumplir con las condiciones de aislamiento preventivo y obligatorio.

La evidencia comparada señala que, al inicio, "los parlamentos del mundo tomaron diferentes medidas para hacer frente a este dilema: desde medidas extremas como la cancelación de las sesiones legislativas, hasta otras más intermedias como limitar el trabajo legislativo" (Tchintian, Abdala & Seira, 2020). Sin embargo, la incorporación de tecnología al proceso legislativo es una alternativa que está siendo usada por varios países de la región.

En este sentido, el Congreso colombiano tuvo que resolver cómo operar respetando el aislamiento físico que el COVID-19 impuso. Esta situación excepcional abrió la oportunidad para innovar sobre las formas y mecanismos que el Congreso usa y ha usado. Sin embargo, parece que la forma como se están cumpliendo los diferentes requerimientos, ej. la votación de proposiciones, mociones, proyectos de ley, etc., no ha implicado un aprovechamiento real del momento, y, lo que hubiese sido una oportunidad para hacer las cosas de una forma distinta y mejor, se tornó en una experiencia que ahondó la ineficiencia y el mal gasto del tiempo.

Toda modificación del proceso legislativo para la incorporación de tecnología en nuestro país tiene el desafío de garantizar la legitimidad de los procesos y la transparencia e integridad del ejercicio en su conjunto. Por ejemplo, la implementación de tecnología para los procesos normativos y administrativos del Congreso colombiano significó la aprobación de normativas que incorporaran protocolos de inclusión de tecnología para cada etapa de la gestión legislativa, ej. la forma de votar en esta nueva normalidad. Para esto, la legitimidad es clave, pues permite evitar cuestionamientos futuros que pongan en duda otros valores del sistema como la integridad o la transparencia de los procesos.

La pregunta que sigue, entonces, es cómo incorporar la tecnología asegurando estas premisas de legitimidad, transparencia e integridad. Para ello, es importante tener en cuenta lo siguiente: lo traído al debate por Tchintian, C., Abdala, B. & Seira, para el caso de Argentina. A continuación, exalto las recomendaciones que considero fueron relevantes en el caso colombiano: Incorporar a la discusión a especialistas en seguridad informática. Difundir información sobre las nuevas herramientas y procesos que se van a usar e implementar. Generar consensos amplios entre las distintas fuerzas y partidos políticos respecto del camino a tomar. Transmitir las sesiones virtuales en vivo a través de los canales de difusión con los que ya cuenta el Congreso y con aquellos nuevos que ha traído la virtualidad.

Además de lo anterior, vale la pena reflexionar sobre qué queda de esto para la nueva normalidad. Con el posible retorno a la asistencia presencial en las oficinas, se abre una nueva e interesante discusión sobre si es posible una nueva versión del Congreso, y me refiero a una versión híbrida; mitad y mitad; en algunos momentos in situ y en otros remoto; ya sea por tipo de proyecto o por división de los congresistas de cada bancada.

Lo anterior permitiría no perder lo ganado en virtualidad, así sea poco, y poder contar con aforos más limitados en las sesiones. Pero aún más interesante, es que permitiría que se den ciertas discusiones y votaciones complejas e incluso charlas en pasillos que sirven de negociación y debate, propio del ejercicio de lo legislativo, en cercanía con el otro; de frente.

A modo de salvamento, también es cierto que, si todo queda desde la virtualidad, posiblemente el lobby y las negociaciones se vuelvan más formales y más limitadas. Situación que beneficiaría también a la democracia colombiana, si tenemos en cuenta que la ciudadanía hoy es más sofisticada en el ejercicio de control y veeduría y si pensamos en los micos y orangutanes que a veces se cuelan en las votaciones. De todas formas, siempre hay cosas que se viven mejor y tienen mejor resultado si se dan en físico.

Bibliografía: Tchintian, C., Abdala, B. & Seira, I. (abril de 2020). Legislando desde casa. Recomendaciones para el funcionamiento remoto del Congreso en Argentina. Buenos Aires: CIPPEC.